Que no me jodan
Acepto a regañadientes. No sin antes replicar o más bien sin chistar.
Hay lugares a los que, sinceramente, prefiero ni acercarme. Pero ese día tenía que comprar algo para mi, para mi obra de arte:la tesis. Así que -no sin antes pasar por mi sesión semanal de psicoterapia- voy a esa puñetera tienda de cartulinas. Aunque claro, eso de tienda seguro que suena muy poco sofisticado. Pero eso es lo es, una tienda de las viejas, amuebladas a lo moderno, para que parezca salida de su tiempo. Da igual.
Estoy en la calle. Al menos ya he localizado el local -como para no encontrarlo, con ese pedazo cartel que se han marcado-. Voy a entrar pero ¡Stop! una representación de la banda callejera me detiene. Me abochorno. Respiro. Pienso en Freud. Y decido tolerar al diferente. Pero coño ¡estos no son diferentes¡ ¡son gilipollas! Calma de nuevo y de esta vez sí. Entro.
Millones de hojas, cartulinas, todas iguales. Menos mal que llevo la muestra de la que necesito para pedir una un poquito más fina. La puerta se cierra detrás de mi y la friolera me entra ¿Y ahora? A lo práctico. Quiero largarme de ese garito de egocéntricos desbancados, así que me dirijo a uno que supongo que trabaja allí y, mascando chicle en su boca de cocodrilo, me dice "¿Qué quieres?"
Vale, no voy a tratarlo de 'usted' porque le saco diez años y ¡qué hostias! porque es un guay. Le digo "Quiero esto..." No responde. Sólo avanza entre las estanterías y los mostradores. Le sigo, digo yo. De pronto se para. Se agacha. Los pantalones se le bajan y me enseña los calzoncillos. Bueno, lo que me faltaba. Esto no estaba previsto. Pero vengo preparada. Paso. Quiere que le vea los interiores, así que hago caso omiso. Remueve. Bueno ¿Qué? ¿La tienes o me voy? -le marco en su tono guay- Se da la vuelta. Me la da. Pago y me voy.
Saliendo veo a más artistillas. Me acuerdo de Lorenzo. Una reunión entre mentes insensibles que dedican su vida a las ciencias políticas, al derecho y a la comunicación. Después del trabajo nos vamos al Artium. Dentro vemos una exposición de no sé qué. Vamos pasando como hormigas. Viendo, observando. De pronto Lorenzo rompe el silencio: "A mi que no me jodan" ¿Arte? de tanto decirlo lo han vulgarizado. Esto no es arte, es mierda.
Seamos serios: todo tipo de creación requiere de esfuerzo y trabajo; y ahí es donde está el don con el que uno nace: unos lo tienen y otros no.
El arte es como la política. De tanto prostituirla la han jodido de verdad.
Yo, como Lorenzo.

Chúzao
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